La vendimia manual nos permite decidir qué uva merece llegar a la bodega y cuál no; un requisito indispensable para obtener vinos de calidad. Esta capacidad de selección, basada en el criterio y la sensibilidad del equipo humano y aún inalcanzable para cualquier máquina, garantiza que podamos trabajar solo con los frutos en óptimo estado sanitario y de maduración. El resultado es directo e incontestable: una materia prima de máxima calidad.
MÉTODO
LA ELABORACIÓN
DE CORPINNAT
Desde finales del siglo XIX, cuando en Sant Sadurní d’Anoia se elaboró el primer espumoso del Estado siguiendo el método tradicional, hemos mantenido una fidelidad inalterable a un saber hacer que se ha transmitido con exigencia y rigurosidad hasta el día de hoy. Generación tras generación, hemos preservado una manera de trabajar que sitúa el tiempo en el epicentro y que rehúye cualquier simplificación.
El método tradicional se fundamenta en un principio esencial: la segunda fermentación y el diálogo del vino con sus lías durante la larga crianza debe tener lugar dentro de la botella. Un método riguroso que define la complejidad y la profundidad de los grandes vinos espumosos, y los distingue de otras elaboraciones de todo el mundo.
Últimamente, conscientes del profundo arraigo del método tradicional en nuestra cultura vitivinícola, también hemos querido explorar una de las expresiones más antiguas de esta misma cultura: los ancestrales, manteniendo, en la producción, la larga crianza y preparándolos para la comercialización con botella de corcho y bozal.
MANUAL
El prensado es una operación determinante en la elaboración: permite extraer el mosto de la uva y, trabajando por fracciones, preservar la identidad de la fruta y seleccionar los mostos más finos y equilibrados. Prensar con el máximo respeto favorece la expresión aromática y el potencial de evolución del vino.
No todas las partes de la uva tienen la misma concentración de azúcares, ácidos y polifenoles. Por ello, el rendimiento de prensado es clave: a medida que aumenta la presión, se incrementa también la extracción de polifenoles, enzimas oxidativas, potasio y otros compuestos que pueden modificar la acidez, el equilibrio y la capacidad de guarda del vino.
Decidir hasta dónde prensar —lo que conocemos como el corte de prensa— es, pues, una de las grandes decisiones de cada bodega. En Corpinnat conviven diferentes maneras de entender esta extracción, desde el prensado de uva entera hasta la maceración con los hollejos, siempre con el objetivo de expresar la fruta y su origen.
En la vendimia 2026, el rendimiento es de 64,4 litros de vino por cada 100 kg de uva. Una cifra que, más allá del rendimiento, nos habla de una cuestión esencial en la elaboración: saber hasta dónde extraer para preservar aquello que realmente buscamos en el vino —pureza, equilibrio, expresión y capacidad de envejecimiento.
DEL MOSTO
El desfangado, con todas sus variables, nos ayuda a eliminar las partículas sólidas en suspensión como los fangos, los hollejos y otras impurezas presentes en el mosto tras el prensado. Trabajar con mostos limpios y estables nos permite preservar las virtudes varietales y obtener vinos francos en el aspecto aromático.
FERMENTACIÓN:
EL VINO BASE
Una vez desfangado, el mosto está listo para comenzar la primera fermentación bajo un control de la temperatura. Durante la fermentación alcohólica, las levaduras transforman los azúcares del mosto en alcohol. Fruto de esta fermentación, obtenemos el vino base. Un vino base Corpinnat es un vino en proceso, sin burbuja todavía, elaborado con la estructura, la acidez y el perfil aromático necesarios para soportar una larga crianza. En definitiva, un vino que ya tiene las características, los matices esenciales y la vocación de convertirse en un gran espumoso Corpinnat.
El ensamblaje, la combinación de diferentes vinos base para construir un perfil final, define el estilo de cada viticultor-elaborador y de sus espumosos Corpinnat.
La riqueza de paisajes vitivinícolas del territorio, el patrimonio de variedades históricas, la idiosincrasia de las condiciones climáticas de cada añada, y la interacción de todos estos factores, físicos, históricos y humanos, ofrece a cada viticultor-elaborador vinos base con perfiles muy diferenciados: desde ensamblajes que buscan equilibrio y complejidad, hasta monovarietales que interpretan con precisión el carácter de una variedad y de un lugar.
Es a través del ensamblaje que el viticultor-elaborador puede ordenar esta diversidad y construir un estilo propio, una expresión personal que, a la vez, mantiene un vínculo profundo con el paisaje, las variedades y las añadas del territorio Corpinnat.
Sea un ensamblaje o un monovarietal, el vino base Corpinnat se embotella para iniciar la segunda fermentación o toma de espuma dentro de la botella, momento en el que el vino adquiere de manera natural sus características burbujas.
El tiraje consiste en adicionar dentro de la botella junto con el vino base el llamado licor de tiraje; una mezcla de vino, azúcar y levaduras que asegura la segunda fermentación.
FERMENTACIÓN: LA
TOMA DE ESPUMA
Una vez hecho el tiraje, las botellas se disponen en reposo horizontal, la llamada rima, para iniciar la segunda fermentación y, posteriormente, el largo proceso de crianza.
La toma de espuma consiste en una segunda fermentación alcohólica que tiene lugar dentro de la botella. El carbónico que se genera de forma natural durante la segunda fermentación queda integrado en el vino a causa de la presión interna, que puede superar los 5–6 bares. Es esta presión la que permitirá que, al abrir la botella, el gas carbónico natural se libere en forma de burbuja.
CRIANZA
La larga crianza en botella afina el carácter de los espumosos Corpinnat. Tras la segunda fermentación, que habitualmente no se alarga más de unas cuantas semanas, el vino reposa con sus lías durante un largo período de tiempo. En el caso de Corpinnat, y a diferencia de otras denominaciones de origen de espumosos de todo el mundo, la crianza del vino dentro de la botella es de, como mínimo, 18 meses.
Durante este tiempo, el vino evoluciona de manera lenta y progresiva. Gracias al proceso de autólisis, las levaduras se degradan, interactúan con el vino y modifican su estructura y perfil aromático. Además, en las largas crianzas con tapón de corcho, la mínima entrada de oxígeno y la liberación gradual de una pequeña cantidad de dióxido de carbono favorecen una oxidación muy lenta, otro fenómeno que contribuye a modelar el estilo del vino.
Dar tiempo al vino nos permite ganar volumen en boca, sensación cremosa, una burbuja fina y bien integrada y mayor complejidad aromática, que permite penetrar sensorialmente en el corazón del vino.
Una vez que el viticultor-elaborador da por finalizada la crianza, es necesario iniciar el proceso de removido, que consiste en desplazar progresivamente los sedimentos de la segunda fermentación hacia el cuello de la botella. Ya sea manual o mecánicamente, la botella recibe pequeñas rotaciones sucesivas de un octavo de vuelta cada día combinadas con una ligera inclinación. De esta manera, los sedimentos se desplazan lentamente hasta acumularse en el cuello de la botella, preparando el vino para el degüelle.
Con el degüelle, la botella se abre para que la presión interna expulse los sedimentos, procurando mantener la limpidez del vino y perder la menor cantidad de líquido posible, que se repone en el paso siguiente, el dosaje.
El dosaje es el último paso antes de tapar la botella con el tapón de corcho definitivo. Consiste en la adición de una pequeña cantidad de licor de expedición, una mezcla habitualmente formada por vino y, si procede, una dosis determinada de azúcar. El vino del licor de expedición puede provenir del mismo espumoso, de vinos de reserva de la bodega y, en algunos casos, de vinos envejecidos o rancios que aportan otros matices. El licor de expedición se añade a la botella para rellenarla tras las pérdidas del degüelle y para ajustar el estilo final del viticultor-elaborador sin alterar la identidad del vino.
Cuando no se añade azúcar al licor de expedición, o la dosis es inferior a 3 g/L, el espumoso se clasifica como Brut Nature, la categoría que expresa con mayor pureza el carácter del vino, de la añada y del terruño. Otros niveles de dosaje dan lugar a otras categorías en función del contenido final de azúcar residual (ver tabla).
El etiquetado y el acabado de la botella culminan el proceso de elaboración de todos los Corpinnat. Una vez que el tapón de corcho se introduce a presión dentro del cuello de la botella y se fija con el bozal metálico, la botella se etiqueta y se viste con todos los elementos identificativos de cada bodega y de la marca colectiva. La exigencia y la rigurosidad con las que se elaboran nuestros vinos espumosos reclaman una presentación a la altura de uno de los reglamentos más exigentes del mundo vitivinícola. Por ello, un vino espumoso de calidad solo es Corpinnat si en la etiqueta dice Corpinnat.
ANCESTRAL
La identidad de los espumosos Corpinnat está profundamente vinculada al método tradicional, el sistema de elaboración que históricamente ha definido los grandes espumosos de nuestro territorio y que constituye el núcleo del proyecto colectivo.
Sin embargo, algunas bodegas también han querido explorar el método ancestral, una técnica de elaboración aún más antigua que forma parte de la tradición vitivinícola europea y que también tiene raíces en nuestro territorio. Esta exploración se entiende como una expresión complementaria, que permite mostrar otras caras de la uva y de la añada sin desplazar el papel central del método tradicional.
El método ancestral es uno de los métodos más antiguos de elaboración de vinos espumosos. A diferencia de otros métodos, los ancestrales son el resultado de una única fermentación que comienza en el depósito y finaliza dentro de la botella.
El vino se embotella cuando todavía no ha terminado la primera fermentación y conserva los azúcares naturales del mosto. Una vez cerrada la botella, las levaduras continúan la fermentación en el interior y generan de forma natural el gas carbónico que conocemos como las burbujas.